Blogia
CubaFree

Cultura y Sociedad

España campeón europeo en jóvenes sin estudio ni trabajo

(Tomado del Periódico Granma, Órgano Oficial del Partido Comunista de Cuba, 11 de septiembre de 2012).

España ha levantado una copa que ningún país desea. Según la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) es el país europeo con más jóvenes que no trabajan ni estudian.

La generación ni-ni, como se les conoce a estos hijos de la crisis económica, llegó a ocupar en el 2010 el 23,7 por ciento de los jóvenes de entre 15 y 29 años, de acuerdo con el informe de la OCDE Panorama de la Educación 2012, publicado hoy.

Estas cifras ubican a España en el segundo lugar mundial en ese indicador, detrás de Israel (27 %) y la sitúan casi ocho puntos por encima de la media de los países de la organización (15,8 %)…

Los 105 de Juan Bautista

Los 105 de Juan Bautista

Carbonero a los 10 años y después, durante medio siglo, obrero del central Natividad donde se desempeñó como retranquero, fogonero y maquinista de un tren cañero

Luis Herrera Yanes

Joven ha de ser, quien lo quiera ser. Lo afirma quien ha tenido como fórmula vivir intensamente y con optimismo cada minuto de su larga existencia. Juan Bautista Palmero Aragón festeja hoy los 105 años de su nacimiento el 26 de septiembre de 1904.

Pero no sólo por ello este es un hombre excepcional, sino también porque fue obrero del ingenio Natividad durante 50 años y trabajó muy duro para criar a los 17 hijos que tuvo, y porque allí fue víctima de la explotación despiadada del capitalismo, pese a lo cual enfrentó la vida con optimismo.

 “Fuimos a tocar bailes hasta en Trinidad y Sancti Spíritus, donde los negros no podíamos caminar por el parque de la ciudad. Pero las fiestas de campo eran más divertidas. Comenzábamos a tocar al mediodía. Después venía el torneo de a caballo que nos permitía descansar un poco. Y cuando arrancábamos por la noche no parábamos hasta que salía el Sol”, manifiesta inquieto en la butaca.

“Nací en Guasimal -precisa- y quedé huérfano de meses. Entonces mi abuelo me llevó para Natividad para casa de Domitila Cabrera, que fue mi segunda madre. A los siete años me trasladé a Jatibonico. Allá aprendí el oficio de panadero, que nunca ejercí. En realidad comencé a trabajar a los 10 años, con mi abuelo Tomás Aragón, tumbando monte y haciendo carbón a peso el saco”.

Cuenta que en 1920 se incorporó al ingenio Natividad, como retranquero de un tren cañero, y al año siguiente se convirtió en fogonero para abastecer de leña el vientre de la locomotora de vapor, oficio que desempeñó hasta 1954, cuando por el azar de un accidente ferroviario lo llevó a sustituir al maquinista, durante dos años nada más, porque después entraron los camiones para el tiro de la caña y lo reubican como guinchero de la barca, donde se jubiló en 1970.

Las frases le brotan como chispazos de recuerdos que atesora en su impecable memoria. Se mueve inquieto en el sofá como si el agudo pitazo de la locomotora lo invitara a darle vía para salir raudo en busca de otra veintena de carros repletos de caña.

También rememora los sinsabores compartidos con líderes obreros y comunistas como Amador Antúnez, Juan Torres, Armando Acosta, “Canuto” Yero y el propio Jesús Menéndez, con quien trabajó en reparación de vías férreas sin conocer su verdadera identidad, hasta varios años después, porque estaba clandestino allí.

De pronto se pone serio y un halo de tristeza le invade los ojos. Abandona la butaca y retorna con un cuadro entre sus manos. “Esta foto -comenta- se la tomó Jesús Menéndez a mi hijo Reinaldo, cuando yacía tendido en el ataúd. Tenía 14 años cuando el Tornado de 1945 derrumbó el techo del barracón de Pueblo Nuevo, donde nos guarecimos del ciclón y lo mató. Fue el momento más triste de mi vida”.

“Al finalizar la zafra -recuerda- yo quedaba empeñado, pese a que después de terminar mi turno en la locomotora, echaba cuatro horas más cortando caña, para mantener a mi familia. En tiempo muerto tenía que hacer de todo: recogía y picaba piedra a mandarria, por medio peso el metro, para la carretera de Trinidad; guataqueaba caña a dos pesos el jornal; compraba maíz y lo llevaba en un chalán a vender en Tunas de Zaza y al regreso pescaba para comer; pero eso sí, por muy apretado que estuviera jamás robé, porque nada justifica esa actitud en ningún gobierno, menos ahora, carajo, que la Revolución protege al pueblo y no hay dueños explotadores”.

Juan Bautista Palmero Aragón camina ligero por las calles de la ciudad, visita a sus hijas e hijos y no pierde la ocasión para darse unos tragos de ron. “Periodista, lo espero en mi cumpleaños. Vamos a cantar hasta que salga el Sol”, me dijo con un apretón de manos, una vez concluida la entrevista.

Centenario de los cantos de amor

Centenario de los cantos de amor

El Trío cubano de trova tradicional, fundado en 1910 por Miguel Companioni, con sus amigos Segismundo Acosta y Luis Faría,  cumple cien años. El Encuentro de tríos este fin de semana en Sancti Spíritus rinde homenaje a sus cantos de amor.

Luis Herrera Yanes

Estrella matutina del cielo de mi vida/vengo por vez postrera a hablarte de mi amor/escucha mis cantares, por Dios prenda querida/si acaso estás dormida, despierta por favor. Los arpegios de la guitarra realzaban con el bordoneo de los acordes graves, la voz segunda de perfecto timbre que poseía Segismundo Acosta, y armonizaban con la exquisita voz prima de Luis Faría, en aquella serenata que llevaba el sello del virtuosismo de Miguel Companioni en la ejecución de la guitarra y el repentismo para crear las canciones, montarlas e interpretarlas unas horas después.

El popular compositor, que creó su primera canción: La Fe, en 1910 y no lo abandonó la musa  hasta el año de 1959, fecha en que selló su cosecha de más de 300 números musicales con Lilia, muy enfermo ya, pese a quedar ciego a los 11 años de edad, poseía la virtud de recibir la solicitud de los enamorados en el parque La Caridad,  donde se reunían cada noche a la espera de los potenciales clientes, y conocido el nombre de la amada, componer en el instante la letra que le dictaba a Luis Faría y éste escribía en hojas sueltas que se conservan hasta hoy. A media noche, frente a la ventana de la desconocida mujer que la inspiró, en presencia del galán, Segismundo y Faría entonaban aquel canto de amor acompañado por los acordes de la guitarra que magistralmente pulsaba uno de los más prolíferos compositores cubanos de todos los tiempos.

EL AMOR, INSPIRACIÓN SUPREMA DE MIGUEL

“Siempre amé la belleza y tuve para la mujer la exaltación de mis canciones”, confesó Miguel al colega Felipe Elósegui en entrevista que fue publicada el 23 de marzo de 1956 en el periódico habanero Ataja. De María Teresa Vera, que colocó sus mejores creaciones, entre ellas Mujer Perjura, en el hit parade de Estados Unidos y del mundo, refiere en esa ocasión: “-María Teresa. ¡Qué mujer! Divina mujer; María Teresa es única por su melodía, por su dulzura… Y su memoria. En dos días se aprendió diecisiete canciones mías.”

De él escribiría el reportero: “… Sancti Spíritus, tierra de leyendas, de cantores, de mujeres y guitarras… que viera nacerle un día… a esa gloria de Cuba que es Miguelito Companioni… su música es única dentro de una generación de grandezas como Sindo Garay, Manuel Corona, Rosendo Ruiz, Teofilito… nadie más adentro en el corazón espirituano que Companioni”.

En una muestra de 52 obras suyas, escritas hasta 1958, todas tienen el amor como centro de su creación musical y 37 llevan nombre de mujer, entre otras razones porque el Trío de Miguel, como se le llamó a la primera agrupación de trova tradicional de Cuba –la suya- se dedicó a complacer las peticiones de enamorados y son canciones por encargo para llevarle una serenata a la amada, tradición que data en esta villa desde el siglo XIX. Entre sus composiciones predominan los boleros, las canciones, criollas y habaneras.

EL CREADOR, LOS INTÉRPRETES, LOS HOMBRES

Ciego ya, apenas un adolescente, Miguel acompaña a Cecilia, su madre, a la manigua redentora donde se encontraba su padre, a la sazón capitán del Ejército Libertador, y allí jura ante sus progenitores que no sería un mendigo limosnero: “… formaré familia y la mantendré con el fruto de mi trabajo honrado”.

Marchó a los Estados Unidos, con la esperanza de volver a ver, y cuando con pleno dominio del idioma inglés recibe la amarga noticia, regresa a Sancti Spíritus y desgrana, una tras otra, sus canciones de amor, por encargo o para desahogar su pasión por una u otra mujer, porque su corazón latió muchas veces ante el timbre de voz de las férminas que en diferentes etapas de su vida le cautivaron, hasta que formó su familia con Panchita de la cual nacieron cuatro hijos.

Mayor aún fue la prole de Luis Faría, su brazo derecho que lo acompañaba a todas partes hasta que Miguelito, el hijo que heredó su sensibilidad por la música, se convirtió en su compañero inseparable. Siete hijos tuvo el amigo que escribió y conservó la letra y la melodía de todas sus canciones, el obrero del central La Vega de Guayos.

“El trío ensayaba en casa de mi padre, en el número 16 de la calle San Carlos –cuenta Miguel, el primigenio de Segismundo Acosta- de quien dice fue siempre torcedor de tabaco y trae a colación una anécdota que revela la entrañable amistad entre aquellos hombres. “Una noche él llega retrasado al parque La Caridad, sudoroso y caminando apurado y Companioni lo recibe riéndose con dos versos: A donde vas Segismundo/ muchacho con tanta prisa, y mi padre le responde al instante: Miguelito, voy a misa/ que se está acabando el mundo”. Rieron todos de buena gana y enrumbaron calle abajo, a llevarle la serenata que un galán de ocasión había encargado un rato antes, para su enamorada.

LA PEÑA MUJER PERJURA

Fundada por Deisy Pérez Bernal, viuda de Miguel Companioni Rodríguez (hijo), en el número 128 de la calle Máximo Gómez norte, el cuarto domingo de cada mes a las 10:00 a.m., la Peña Mujer Perjura tiene como objetivo mantener viva la fructífera tradición trovadorezca espirituana y promover el rescate de la obra de Miguel Companioni,  Rafael Gómez Mayea (Teofilito), Alfredo Varona, Rafael Rodríguez, Manolo Gallo y otros que tanta gloria le han dado a nuestro terruño, empeño al que deben sumarse todas las instituciones culturales, el movimiento de artistas aficionados, los medios de difusión como la radio y la televisión que están representadas en casi todos los municipios.

Casi perdida por completo, la serenata como manifestación cultural puede continuar viva para llevarle no sólo los cantos de amor a las mujeres de ayer y de hoy, sino también a cederistas, trabajadores y combatientes de la Revolución con una trayectoria  destacada, que sabrán apreciar su valor estético; pues, a pesar de los pesares, Mujer Perjura, Pensamiento, Rosalba, Herminia, Nenúfar y otras tantas hermosas canciones de sublime melodía, vibran con los arpegios y bordoneos de las guitarras y cuelgan todavía en las rejas de los ventanales de una villa cuyo pueblo vive orgulloso a la orilla del Yayabo y su Iglesia Mayor.